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«Tanto que contar», de Roger Steffens, se distribuye en Argentina la biografía oral de Bob Marley

Escrito por el 26 junio, 2020

A casi tres décadas de la muerte de Bob Marley, se edita en castellano Tanto que contar, una historia oral de su vida. Su responsable es Roger Steffens, respetado erudito y archivista del reggae, que llegó a conocer personalmente tanto a Marley como a Bunny Wailer y Peter Tosh, así como a muchos de los protagonistas de una biografía que, a pesar de haberse recorrido cientos de veces en cantidad de libros, aún tiene pliegues sin iluminar, arrastrando tanto mitos incorrectos como polémicas sin resolver. El libro de Steffens cuenta ese camino, que fue desde el barrio más pobre de Kingston hasta una consagración internacional que lo convirtió en mito para interrumpirse justo cuando había llegado a la cima, en la voz de quienes mejor lo conocieron. Acompañando su distribución en las librerías locales, Radar presenta el prólogo a cargo de Linton Kwesi Johnson, una de las grandes figuras del reggae, y comparte el capítulo que revela la trama detrás de Burnin’ (1973), el último disco de los Wailers originales, que marcó la partida de Wailer y Tosh, y el posterior comienzo de la carrera solista de Marley.  

Por Roger Steffens
Fuente: Pagina12.com

Burnin’, el resonante álbum final del trío original de los Wailers, con Bob Marley, Bunny Wailer y Peter Tosh, tuvo su punto de partida en el estudio de Harry J en Kingston, donde se plasmaron todas las pistas base. La mezcla y las sobregrabaciones se realizaron en los Basing Street Studios de Island Records, en Londres, durante la primavera de 1973, entre los conciertos de la gira del grupo para promocionar Catch A Fire, su debut internacional aclamado por la crítica.

Bunny Wailer: El álbum debería haberse titulado Reincarnated Souls, como una canción que había grabado para el disco, pero, como salí del grupo antes de que se editara, lo retitularon Burnin’, y “Reincarnated Souls” quedó solo como cara B de un single inglés. Nosotros teníamos una misión encomendada al ir a Inglaterra. Queríamos implantar allí la cultura rastafari y la música reggae. Yo sabía que necesitábamos emplear tambores nyabinghi para que la gente entendiera que nuestro canto se sostenía sobre unos cimientos, que no era una música que surgiera de la nada. Las percusiones las había dejado listas un tipo llamado Ferry, en Jamaica. El tambor bajo estaba hecho con la madera de un barril, y el funde, con el tronco de un cocotero.

Roger Steffens: A finales de abril de 1973, acompañados de estos instrumentos tan propios de su folclore, los Wailers —Bunny, Bob, Peter, el teclista Earl “Wya” Lindo, el batería Carlton Barrett y su hermano Family Man al bajo— aterrizaron en una aterida y neblinosa Inglaterra.

Bunny Wailer: Nos llevaron a una pocilga en un distrito comercial, que era propiedad de Chris Blackwell. Estaba sobre un restaurante indio, en King Street. Ensayábamos en un sótano, otra pocilga. No nos hacíamos la comida, y cuando queríamos un tentempié rápido, nos íbamos a una tienda de indios. No había cama allí, solo colchones. Bob se pasaba casi todo el tiempo en el piso de Esther Anderson, que estaba a la vuelta de la esquina.

Roger Steffens: Anderson, la compañera de Bob en aquel momento, ejerció de guía de los Wailers durante su estancia allí, y jugó un papel crucial en muchas de las composiciones de Bob durante ese período de 1973-1974.

Bunny Wailer: Tocamos en más de veinte universidades, también hicimos un par de clubes nocturnos, con cuatro noches en el Speakeasy, que fue nuestro hito. Había una expectación como si fuéramos lo siguiente en reventar en el reggae, tras Jimmy Cliff o Desmond Dekker. Los Wailers no éramos para nada las estrellas del lote. Y cada noche en el Speakeasy era mejor que la anterior, a pesar de que su aristocrática parroquia era casi absolutamente blanca. Se trataba de la gira Catch A Fire, pero cantábamos cosas del Burnin’. Cuando había un parón y teníamos unos días libres, nos metíamos en el estudio para grabar Burnin’. Sin descanso. Los días libres nos los pasábamos en el estudio, ese era el único momento que teníamos de relajación.

Family Man Barrett: Yo escuchaba las ideas de todo el mundo, y luego intentaba trasladar eso a la cinta. Grabábamos las pistas base, buscando algo especial; en esa fase es lo que hacíamos. Luego los tres cantantes cantaban, y los ingenieros Tony Platt y Phil Brown oían todo desde la técnica. Siempre se lo pasaban bien. Y en el estudio… digamos que había una buena humareda. Y si hay humo es que algo se está quemando.

Roger Steffens: Fams no habla aquí de porros precisamente. En años posteriores, Peter y Bunny comentaron que entonces les preocupaba que sus canciones no tuvieran la difusión suficiente en los Wailers, relegadas para favorecer a las de Bob, algo que los dejaba fuera de los lucrativos derechos de autor que comenzaban a amontonarse. Por ese motivo, Bob invitó a Peter para contribuir en una estrofa de “Get Up Stand Up” , dándole la oportunidad de aparecer como co-escritor de ese himno que abre el disco. “Get Up Stand Up” fue uno de los primeros cortes en que la despampanante Anderson desempeñó un papel. Esta exitosa actriz, que había co-protagonizado junto a Sidney Poitier la película Un cálido diciembre, conoció a Bob en Nueva York por medio de Lee Jaffe, un joven director de cine. En febrero de 1973, Anderson surcó los cielos del Caribe en un avión fletado por Blackwell, y partió de Jamaica a Trinidad y a Haití, para luego retornar a Jamaica.

Esther Anderson: Bob y yo escribimos “Get Up Stand Up” en veinte minutos, mientras volábamos de Haití a Jamaica. Yo le estaba enseñando a Bob a ser un rebelde, a partir de lo que había aprendido viviendo siete años con Marlon Brando. De hecho, yo fui quien le compró una chaqueta de cuero idéntica a la de Marlon en Nido de ratas, cuando dice que está listo para la pelea.

Bunny Wailer: “Get Up Stand Up” fue la última canción que se grabó para el álbum final de los Wailers, y se dejó para el final porque era la más sencilla, con nosotros simplemente cantando al unísono.

UNA DE COWBOYS

El rayo definitivo para que todos los focos se posaran sobre los Wailers llegó con el clamoroso éxito internacional de la versión de “I Shot The Sheriff» por Eric Clapton . Paradójicamente, las radios jamaicanas se decantaron por la versión de Clapton antes de por la de sus compatriotas, y no fue hasta que algunos amigos de Marley amenazaron con emprender represalias físicas que las tornas cambiaron. Mucha gente se ha atribuido su grano de arena en la creación de este clásico.

Bunny Wailer: Desde el principio, había la intención de que tuviera un aire de balada de vaqueros, como Marty Robbins.

Esther Anderson: La historia se me ocurrió en mi dormitorio en Londres. Habla sobre la contracepción. Bob siempre me insistía en “criar”, en tener un hijo con él. Y tras un mes de estar juntos, no dejaba de preguntarme cómo podía ser que no me hubiera quedado embarazada. Le conté que tomaba la píldora, y ese fue el detonante de la frase: “Cada vez que planto una semilla, dice que la mata antes de que crezca”. Aquí el sheriff es el médico. Era la tercera canción en la que colaborábamos.

Roger Steffens: Algunos detalles más sobre el proceso emergieron a partir de las extensas entrevistas que Lee Jaffe mantuvo para su libro One Love: Life with Bob Marley & The Wailers. Lee estaba viviendo con los Wailers en Kingston en esos días, como “coartada” para la relación de Bob con Esther, novia de Lee en la versión que Bob le contaba a Rita. Su relato sobre cómo nació el himno supremo del reggae difiere del de Esther.

Lee Jaffe: Esa canción surgió un día en que estaba tocando la armónica en una playa jamaiquina. Bob estaba a su vez con la guitarra, y dijo: “Le disparé al sheriff”, y yo seguí: “Pero no le diste al ayudante”. Era una broma, porque en Jamaica no hay sheriffs. Bob era un tipo divertido, con ingenio, y estaba hablando un poco de lo que suponía para él salir con un tipo blanco como yo. Y sí, tenía un origen en las películas de cowboys, que a los jamaicanos les encantan. El bueno, el malo y feo siempre se proyectaba en algún cine de Kingston. Y Bob, al estar conmigo, se imaginó una situación como de película del oeste. Recuerdo que había unas chicas muy gordas bailando en la playa cuando a Bob se le ocurrió la frase. Y la canción tenía tanta gracia que, aunque la playa no estaba para nada concurrida, un buen montón de gente se puso a bailar con ella. Yo apunté todas las palabras que Bob iba cantando, todo emocionado porque veía que se trataba de una canción muy grande, y yo había sido una parte integral de su concepción.

Roger Steffens: Una de las canciones que ha producido más malentendidos en el álbum es “Burnin’And Lootin «, que da título al álbum. De acuerdo con Bob, trataba de “ilusiones que se hacen humo”, no de incendiar nada.

Esther Anderson: Toda la inspiración viene de un hecho que le sucedió a Joe Higgs [el magnánimo profesor que ayudó a unos adolescentes Wailers, y que sería el reemplazo de Bunny durante la gira final en 1973]. Me contó que la noche anterior se había despertado, y que había visto a la policía rodeando y registrando su casa en Trench Town. Yo le conté esto a Bob y le dije que teníamos que componer una canción sobre el tema. Esas eran las cosas que estaban sucediendo en el país, y hacía falta documentarlas. “Weeping And Wailing” fue el primer título. Escribimos la mitad en Hope Road, otra parte en Castleton Gardens, en St. Mary, cerca de Golden Spring, y ya la terminamos en Annotto Bay. La gente del entorno de Bob empezaba a darle a la cocaína, y eso es lo que cuentan esos versos: “Deja que esnife el hombre de raíces, todas las drogas ya te volverán más lento”. Cuando llegamos a Londres a grabarla, Bob le había cambiado el título a “Burnin’ And Lootin’” porque decía que esas eran las cosas que estaban teniendo lugar por allí.

Roger Steffens: Bunny Wailer tiene otra visión, más premonitoria, de la canción.

Bunny Wailer: Cuando conocimos a Chris Blackwell en el otoño de 1972, en Londres, nos dijo que había enviado a los Wailers centenares de miles de libras por los discos nuestros que había editado en los sesenta [un dinero que el grupo jamás vio]. Nos contó que le había dado miedo reunirse con nosotros, porque había oído que “son gente muy peligrosa, que son asesinos”. Así que Bob escribió esos versos tras vérnoslas por primera vez con el pez gordo, en las que habla de cruzar ríos para hablar con el jefe.

Roger Steffens: Otra versión, en este caso de un corte grabado tres años antes para el sello Upsetter de Lee Perry, era la de “Small Axe”.

Family Man Barrett: Era una de nuestras canciones favoritas, muy querida por la gente de Jamaica. Queríamos hacerla al estilo R&B del álbum, con ese toque internacional, aderezándola así para que llegara más fácil.

Roger Steffens: “Rasta Man Chant», el acelerado cierre del álbum, estaba parcialmente inspirada en Esther Anderson, quien tomó las fotografías originales del álbum.

Esther Anderson: Yo trabajaba de fotoperiodista para un periódico socialista, con Alex Cockburn. Un día, Countryman me presentó a un hombre que vivía en la playa, enfrente de Bunny en Bull Bay, un hombre llamado Bongo Mackie. Él es el tío de las rastas con la cabra en el sobre interior de Burnin’. Mackie estaba viviendo en este gran espacio rasta con todos esos niños. Me quedé asombrada con los rojos, amarillos y verdes que había allí. Por entonces, ninguno de los Wailers se había dejado rastas todavía. Al día siguiente, llevé a Bob hasta allí con Countryman, para fotografiarlos juntos. Por la noche, Mackie empezó a tocar la percusión akete, y todo eso me recordó a un viaje que había hecho con Millie Small y Brando. La gran universidad de Acra nos montó un concierto privado con mil tambores, y las percusiones de Bongo Mackie me recordaron a esa ocasión. Entonces le oí cantar “Una mañana luminosa, cuando mi trabajo termine” y le dije a Bob: “Deberías vestir de rojo, amarillo y verde, dejarte crecer las rastas, y abrir los conciertos con el tambor”. Y el resto es historia.

A pesar de que los Wailers habían completado una obra que los mostraba en su plenitud, las urgencias de cada uno para perseguir a su propia musa abrieron mayores grietas entre los tres. Y entonces las tensiones derivadas de la discográfica y las promesas incumplidas se volvieron inaguantables. Karl Pitterson era un joven ingeniero que trabajaba en estudios de Jamaica, y coincidió con Bob en diversas sesiones de grabación durante este período.

Karl Pitterson: Yo andaba por ahí en esa época. Mucha gente dice que la culpa de la separación vino de una estrategia de “divide y vencerás”, con Island Records exprimiendo al grupo. Pero creo que todo obedeció a un plan del creador. Era parte del guión.

Chris Blackwell: Me di cuenta de que no sería posible ya trabajar con los tres. Y los mayores choques se producían entre Peter y Bob. Y Bunny era Bunny. Bunny siempre iba un poco por libre.

Bunny Wailer: Tras la gira de primavera en 1973 por el Reino Unido, fuimos a hablar con Chris sobre los detalles de una próxima gira por los Estados Unidos. Teníamos ganas de ir a por recintos mayores, porque habíamos mostrado que éramos aptos para los grandes mercados. Si seguíamos tocando shows pequeños, no íbamos a ganar dinero. Así que yo le dije: “Chris, ¿cuál es el plan que llevas para nosotros en Estados Unidos? ¿Dónde vamos a tocar?”. Y él nos dijo: “Freak clubs”. Y yo le pedí que me explicara qué era eso de los freak clubs. Y él nos cuenta: “Bueno, ya sabéis, clubes para gays, donde todo el mundo está loco. Con drogas circulando, y todas esas cosas”. Y nosotros nos sorprendimos: “¿Cómo?”. Yo hablé entonces: “Chris, ¿cómo nos vas a llevar por esos sitios? ¿Por qué nos vas a meter en esa clase de cosas? Sabes que “nosotros” es “rasta”, no está para según qué cosas. ¿Por qué no nos llevas a los centros culturales o a las facultades politécnicas, como en la última gira? Cantamos para la juventud ahora, no vamos a cantar para freaks”. Chris replicó: “Si no tocas en esos clubes, no eres nadie”. Así de claro. Y yo le dije: “Chris, yo no soy nadie. Soy un ser vivo, con un alma. Y si tienes en la cabeza la noción de que los Wailers son nadie, cuando somos uno, yo no te seguiré el paso”. Entonces Bob saltó y dijo: “¿Pero qué pasa? ¿Estamos hablando de una gira o qué?”. Y yo: “Escucha, hermano, porque eres mi hermano. Te quiero y te respeto, a ti y a las decisiones que has tomado. Pero esta decisión me concierne porque agrede a mi integridad. Y tú no puedes hablar por mi integridad. Y mi integridad, déjame que te diga… no se toca”. Y entonces lo dije: “Yo no voy, hermano”. La reunión terminó así más o menos. Todo el mundo se quedó como asombrado, pasmado y perdido, porque había que tomar una decisión. Yo no iba, así que el resto tenía que pensar en algo, como por ejemplo: “Chris, si nuestro compadre B no va, nosotros tampoco”. Pero me echaron. Todos lo acordaron. Y yo sabía que iban encaminados al desastre. Me sentí bien porque a mí la mierda no me iba a tocar.

Roger Steffens: Sebastian Clarke, que estaba trabajando con el grupo en ese momento, escribió que “Tras aguardar fondos varios meses, nos vimos ante una torre altísima de papeles, donde se nos decía que le debíamos a Island Records cuarenta y dos mil libras por los gastos de la gira. Y sin embargo, antes de ella, se había llegado a un acuerdo por el que Island corría con todos los gastos. En una visita posterior a Jamaica, Blackwell mantuvo conversaciones con Tosh, que, enfurecido, acabó yéndose. Regresó con un machete para enfrentarse a Blackwell, quien se marchó de inmediato”. De acuerdo con su biógrafo John Masouri, Peter pensaba que Bob había traicionado a los Wailers al ponerse del lado de Chris Blackwell, y que eso se debía a que Bob era medio blanco. Y así se terminó todo. Dio la impresión de que Pete y Bunny eran demasiado negros para el grupo, ahora que estaba a punto de franquear el umbral del éxito, tras tanto trabajo duro para labrarse una reputación. Bob los había vendido justo cuando debían mantenerse firmes, a pesar de que Pete también pensaba que era hora de probar suerte solo. “Yo no he venido a la tierra para hacer coros””. Peter me confirmó que, al concluir la gira, cada uno recibió solo cien libras; una gira que terminó precipitadamente, con doce fechas canceladas, después de que Peter contrajera una bronquitis. Años más tarde, la rabia de Pete aún era más que palpable.

Peter Tosh: La razón por la que paré con todo eso, el acuerdo que teníamos, es que la compañía no estaba cumpliendo con su parte del trato, y tampoco había el respeto debido, todas esas cosas se dejaron a un lado. Y eran cosas insufribles: llevábamos doce años con la música reggae, y lo primero que nos suelta el Chris Whitewell ese es que iba a tardar cinco años en construirnos. Así que, después de saber todo lo que sabíamos, debíamos aguardar otros cinco años para que el tipo nos construyera. Era una falta de respeto. Pero no fue una separación, ya sabes, simplemente eran tres direcciones diferentes, y la música se fue en esas tres direcciones diferentes. Mi inspiración crecía, el vaso estaba a punto de rebosar y se sobraba.

Roger Steffens: El mundo del reggae quedó absolutamente desolado tras conocer la noticia de que los Wailers, como los Beatles tres años antes, se habían disuelto en el apogeo de sus fuerzas.


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