Ander de Green Valley: “El arte de vivir es ser feliz a pesar de las circunstancias”
Escrito por Marcos Alvarez el 28 mayo, 2026
El cantante de Green Valley conversó en vivo con el Negro Álvarez sobre El Arte de Vivir, el nuevo disco de la banda española. En una charla extensa y distendida, habló del proceso creativo del álbum, las colaboraciones con Movimiento Original, SFDK, ROWSI, Sho-Hai, Zona Ganjah y Egoitz Uriarte, la dificultad de vivir del arte, su amor por el roots reggae y la posibilidad de volver a la Argentina antes de fin de año.
Ander Valverde pasó por el canal de YouTube de PelaGatos para presentar El Arte de Vivir, el octavo disco de Green Valley. Desde Barcelona, en el estudio y taller de su compañera —“La Niña de la Plata”, artista que trabaja con joyería en plata y a quien Ander le dedicó una canción años atrás—, el cantante se sumó a una conversación de más de una hora con el Negro Álvarez, donde el nuevo álbum funcionó como puerta de entrada para hablar de música, madurez, familia, reggae, fútbol, giras y Argentina.
Editado el 15 de mayo, El Arte de Vivir reúne 12 canciones y colaboraciones de peso con Movimiento Original, SFDK, ROWSI, Sho-Hai, Zona Ganjah y Egoitz Uriarte. Al hablar del concepto del disco, Ander explicó que no nació desde una idea cerrada, sino que fue apareciendo con el tiempo: “Al principio vas haciendo canciones y llega un momento que el concepto llega solo, porque es cuando realmente te das cuenta de lo que estás escribiendo”. Para él, el álbum está marcado por una etapa vital muy concreta: “Está hecho entre los 30 y muchos y los 40 y pocos”, una edad donde aparece “un cambio en la conciencia de uno”.
La frase que mejor resume el espíritu del álbum llegó rápido en la charla: “El arte de vivir, el arte de ser feliz a pesar de las circunstancias”. En esa definición aparece una de las claves del disco: Green Valley no escribe desde la ingenuidad, sino desde la experiencia. El paso del tiempo, la familia, los recuerdos, la crisis de los 40, la dificultad de sostener una carrera artística y la necesidad de encontrar calma atraviesan buena parte de las canciones.
También hubo una reflexión fuerte sobre el oficio musical. Ante la pregunta sobre si cada vez es más difícil vivir del arte, Ander fue directo: “Es muy difícil. Nosotros somos privilegiados que podemos vivir solamente de la música, pero somos cuatro contados los que vivimos de la música”. Y completó con una mirada cruda sobre la escena española: “Hay pedazo de músicos que han estudiado carrera, que están tocando por cuatro monedas los miércoles en una jam para poder llegar a fin de mes”.
El recorrido canción por canción dejó varios momentos destacados. Sobre “Matorrales”, el tema que abre el disco, Ander explicó que funciona como una declaración de identidad frente a una época donde muchos proyectos parecen pensados desde la estrategia y el marketing: “Los músicos aquí ahora son como muy gente de negocios un poco, en vez de más artistas”. Y en contraste definió a Green Valley con una imagen tan tierna como precisa: “Nosotros somos duendecillos, salimos de los matorrales con los ojos chiquitos, vamos oliendo flores y viendo a los bichitos”.
En “Aquella Habitación”, junto a Movimiento Original, la conversación giró alrededor de la memoria y los olores. Ander contó que la canción nace de esa idea de que en las habitaciones pasan cosas fundamentales de la vida: un local de ensayo, el lugar donde conocés a tu primera pareja o donde llega un hijo. “Me dio la paranoia de que al final en las habitaciones pasan muchas cosas importantes en la vida”, explicó. Y agregó que buscó “darle vida a ese espacio cerrado” a través de sus aromas y recuerdos.
Uno de los momentos más emotivos llegó con “Ama”, la primera canción que Ander le escribió directamente a su madre después de más de 200 canciones. “Una canción en concreto a mi madre no la he escrito hasta ahora”, reconoció. El contexto le dio todavía más peso: su madre está mayor y atravesando un momento delicado de salud. “Tenía que escribirle esta canción antes de que partiera y llegué a tiempo”, dijo. Cuando se la mandó, lloraron todos: “Lloró ella, lloró mi padre, lloró todas las hermanas de mi madre, todos los vecinos y toda la gente que nos conoce”.
“Olor a Café”, la colaboración con SFDK, apareció como una de las canciones más libres del disco. Ander contó que la instrumental le llegó desde Óscar, Acción Sánchez, productor de SFDK, y que la letra le salió en media hora: “Según escuché ‘Olor a Café’ dije: wow, me salió esa letra en media hora”. Después viajó a Sevilla, grabó la canción y Zatu se sumó casi de manera natural. “Es una canción muy libre, una canción del momento presente”, resumió.
La participación de ROWSI en “Altafulla” también abrió una historia particular. Ander contó que la conocieron en la escena sound system de Cataluña: “ROwsI nos enamoró su timbre de voz desde que la conocimos”. La canción, escrita para su mujer después de 18 años juntos, sumó una sensibilidad distinta al incorporar una voz femenina y una estrofa en catalán. “Nos pareció interesante la personalidad que tiene este idioma”, explicó.
Otro punto fuerte de la charla fue “Mundo de Cristal”, la colaboración con José Gahona de Zona Ganjah. Ander reveló que la conexión se reactivó a partir de una escena casi cinematográfica: Green Valley estaba caminando por Manizales, Colombia, y se cruzó con un músico callejero que cantaba “El mundo llora”, una canción de la banda junto a Laguna Pai, con un loro real en el hombro. El video llegó a José, volvieron a hablar después de años y de ahí nació la colaboración. “Fue un placer trabajar con él. Lo hicimos a distancia, pero el tío se implicó mogollón”, contó Ander. Y lo definió con respeto: “Un gran hombre, José”.
Con “Jah Love”, Ander volvió al corazón más espiritual del reggae. “Un mensaje necesario en todos los discos”, dijo. La describió como una canción muy visual, casi un cuento para niños, sobre una madre que sigue buscando a su hijo perdido aunque todos le digan que pare. “Yo soy un enamorado del roots”, afirmó. Y aunque Green Valley cruza reggae, hip hop, dancehall y new roots, dejó clara su preferencia personal: “En mi casa me pongo el reggae roots más lento que hay, es donde lo disfruto”.
El cierre del disco, “La Bola de Fuego”, tiene como protagonista a Egoitz Uriarte, guitarrista de Green Valley y compañero histórico de Ander. “Lleva 22 años conmigo. Es más que mi hermano, somos uña y carne”, dijo. La canción existía desde hacía años y terminó entrando al disco cuando Egoitz hizo una versión reggae. “Al final él también es Green Valley, somos family”, explicó Ander, destacando además su rol como “un artesano de la música”.
La charla también dejó una posible noticia para el público argentino. Green Valley tiene confirmado Rock al Parque en Bogotá el 11 de octubre y, según Ander, están intentando sumar fechas para aprovechar el viaje. “Se están hablando cositas”, adelantó. “Hay una idea en el aire que si sale va a estar muy bonita”. Cuando el Negro le preguntó si esa idea tenía algo que ver con el formato de la visita junto a Don Carlos, Ander respondió: “Tiene algo que ver. No es Don Carlos, es una figura un tanto diferente, aunque dentro de la escena reggae”.
Sobre Argentina, Ander no dudó. Ante la pregunta de qué le genera cada vez que viene con la banda, respondió con una sola palabra: “Pasión”. Y después amplió: “Argentina tiene el rollo este futbolero: olé, olé, olé… Es una pasada”. Para Green Valley, ese intercambio con el público es fundamental: “Nosotros necesitamos mucha energía del público y Argentina, Buenos Aires, Argentina en general, es de los gordos”.
En el ping pong final, Ander recomendó Laguna Pai para empezar a escuchar reggae, recordó que en castellano se enamoró del género con Gondwana y nombró a Potato, banda vasca, como una de sus “padres musicales”. En inglés eligió Steel Pulse y, si pudiera viajar en el tiempo, no dudó: iría a ver a Bob Marley.
Con El Arte de Vivir, Green Valley parece asumir una etapa de madurez sin perder frescura. Hay canciones de amor, memoria, madre, raíz, fiesta, conciencia y amistad. Pero sobre todo hay una banda que sigue buscando, sin desesperarse por la moda ni por la velocidad. Como dijo Ander, se trata de aprender a controlar los tiempos: “Vamos a tomárnoslo con calma, porque la inspiración no llega tan rápido como hace unos años”. Tal vez ahí esté, justamente, una de las formas posibles del arte de vivir.