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ORIÓN XL presenta ICTUS: el rap como respuesta a una crisis personal, social y política

Escrito por el 19 octubre, 2026

Después de Kaos & Armonía, el rapero, compositor y productor argentino regresa con una obra dividida en tres capítulos: El Síntoma, La Terapia y El Duelo. Atravesado por la muerte de su padre, la pandemia, los cambios políticos y una profunda revisión personal, ORIÓN XL conversó con PelaGatos sobre las experiencias que dieron origen al disco, su libertad artística y el lugar de la música en un mundo que parece atravesar su propio colapso.

¿Qué pasa cuando la realidad que conocíamos deja de funcionar? ¿Cuando las certezas se derrumban, el trabajo pierde su sentido y hasta nuestra propia identidad comienza a quedar en discusión?

Esas preguntas atraviesan ICTUS, el nuevo trabajo de ORIÓN XL, uno de los nombres de larga trayectoria dentro del rap argentino, que vuelve después de Kaos & Armonía con un álbum conceptual producido por MyT (Mauro Verdi).

La palabra que eligió para titularlo no es casual. Un íctus es un accidente cerebrovascular, una interrupción abrupta que puede alterar profundamente el funcionamiento del organismo. ORIÓN toma esa imagen como metáfora de un colapso mucho más amplio: el de las certezas personales, los modelos sociales y las estructuras que organizan nuestra vida cotidiana.

Para desarrollarlo, dividió el trabajo en tres capítulos: El Síntoma, La Terapia y El Duelo. Tres momentos de un proceso que comienza reconociendo una crisis, continúa buscando una salida y termina aceptando que algunas cosas, incluso determinadas versiones de nosotros mismos, deben quedar atrás.

Los cuatro jinetes de su propio apocalipsis

Cuando le preguntamos cuál había sido su propio punto de quiebre, ORIÓN no señaló un acontecimiento aislado. Su respuesta fue una acumulación de experiencias personales y colectivas.

Por un lado, comenzó a sentir que su relación profesional con la música corría el riesgo de quitarle aquello que originalmente lo había llevado a crear.

“Sentir que la música, en el afán de trabajar de ello, corría el riesgo de volverse algo mecánico y protocolar. Perdía algo de esa magia que tiene lo espontáneo y lo genuino de crear sin la carga de lo económico”.

A eso se sumaron las transformaciones políticas, la pandemia y una pérdida profundamente personal.

“Pero sospecho que un poco el detonante final fue la muerte de mi padre”, reconoce.

La combinación de esas experiencias terminó convirtiéndose en el verdadero motor del álbum.

“Estos cuatro jinetes me oficiaron de apocalipsis individual y el trabajo de salir de ese laberinto se ve bastante reflejado en el disco. De hecho, es el leitmotiv de la obra”.

De ahí surge también el sentido de su estructura narrativa. El duelo no aparece solamente relacionado con la muerte de alguien cercano, sino también con la necesidad de despedirse de antiguas certezas.

Para ORIÓN, significa “duelar las antiguas versiones de lo que concebimos como realidad y, en última instancia, de uno mismo”.

El nuevo ORIÓN aprendió a dudar

El proceso creativo de ICTUS también implicó modificar su manera de pensar.

Lejos de presentar el disco como una transformación definitiva o una llegada a un lugar de certezas renovadas, el músico sostiene que una de sus principales enseñanzas fue comprender que todo está sujeto a cambios.

“La contingencia es más la norma que la excepción”, reflexiona.

Esa conclusión tuvo consecuencias personales.

“La experiencia me obligó a desarticular cerrazones propias que muchas veces uno asume como rasgos identitarios cuando en realidad son meros prejuicios”.

Y agrega una de las definiciones más interesantes de la conversación:

“El nuevo Orión se permite dudar más de sí mismo y validar más la posibilidad de que un otro tenga la razón o un punto de vista constructivo, por más diferente que sea del propio”.

No es un detalle menor viniendo de un artista cuya obra siempre estuvo atravesada por posiciones políticas, crítica social y una escritura cargada de convicciones.

En ICTUS, la duda también se convierte en una herramienta creativa.

¿Por qué tardó tanto en volver?

Después de Kaos & Armonía, ORIÓN dejó pasar varios años antes de presentar un nuevo álbum de estudio. Pero ese tiempo, explica, no respondió simplemente a una falta de material.

Sentía que todavía necesitaba comprender lo que estaba viviendo antes de convertirlo en canciones.

“Todo comunicador le debe al oyente el respeto de hacerse responsable de su mensaje”.

Para él, repetir determinados discursos sin reflexionar sobre sus consecuencias puede influir profundamente en la manera de pensar de toda una generación.

Por eso prefirió atravesar primero el proceso.

“Me faltaba metabolizar la experiencia para poder hablar sobre ella”, explica, utilizando una imagen que resume muy bien ese período: sentirse todavía en medio de una jungla de versiones y sentidos, avanzando a fuerza de machete y sin estar preparado para sacar conclusiones.

El silencio discográfico, entonces, también formó parte de la construcción de ICTUS.

Adán Jones

Una radiografía de la época

Si el disco comenzó como una crisis individual, sus canciones también intentan interpretar un mundo que ORIÓN observa atravesado por transformaciones políticas, tecnológicas y culturales.

En El Síntoma, la primera parte del álbum, aparecen cuestionamientos a la deshumanización, los modelos de productividad y la relación entre las personas y las nuevas tecnologías.

En sus respuestas, ORIÓN vincula estos procesos con lo que interpreta como una creciente presión sobre los individuos para rendir constantemente.

“Hoy el paradigma es ‘deber poder’. Uno debe obligarse a rendir, a eliminar el error, exactamente igual que el machine learning del algoritmo”.

Su mirada es crítica respecto de determinadas concepciones del progreso tecnológico y de los discursos que presentan la eficiencia y el rendimiento como objetivos permanentes.

Son interpretaciones políticas y filosóficas del artista que ocupan un lugar central en el universo conceptual del disco.

Pero la preocupación que recorre esas reflexiones es más amplia: qué sucede con nuestra humanidad cuando los sistemas que construimos empiezan a definir cómo debemos vivir, trabajar y relacionarnos.

Orion XL

Una salsa también puede ser hip hop

Musicalmente, ICTUS representa otra forma de ruptura.

El disco reúne rap, ritmos afroamericanos, salsa, guaguancó y otras sonoridades que amplían considerablemente el lenguaje de ORIÓN XL.

Esa libertad tiene una explicación bastante sencilla: después de tantos años dentro del hip hop, ya no siente la necesidad de cumplir con un supuesto manual de lo que debe hacer un rapero.

“En ICTUS me permito salirme del corset del sectarismo y la tribalidad del género. Conecto más con mis gustos personales y mis raíces”.

Para él, la identidad de un artista no depende exclusivamente de una base rítmica o de una estructura musical.

“Orión va a sonar a Orión en una salsa, en un guaguancó o en un drumless porque es lo que es”, asegura.

En esa búsqueda resultó fundamental el trabajo del productor MyT, responsable de la dirección musical y de construir una estructura capaz de sostener sus exploraciones líricas.

ORIÓN lo explica con humor:

“La calidad musical y la dirección artística de MyT como productor son el colchón sobre el que me permito hacer mis propias piruetas conceptuales”.

La intención fue que, por más complejas que resultaran las ideas, las canciones mantuvieran su dinámica, sus arreglos y su capacidad de conectar con quien escucha.

Alika, Demian Marcelino y una selección de invitados

El álbum también reúne una variedad de músicos y colaboradores vinculados con distintas expresiones de la música argentina y latinoamericana.

Entre ellos aparecen Alika, Demian Marcelino de Los Cafres, Germán Vidal de Afromama Jams, Lucas Finocci de Afrosound Choir, Saje de La Kamada, Jessy Pungaz y DJ Rize 1.200, desde Venezuela.

Según ORIÓN, las participaciones no fueron pensadas como una estrategia para acumular nombres reconocidos, sino como una necesidad artística de cada canción.

“Cada colaboración es un aporte criterioso”, explica.

La decisión estuvo vinculada con la intención de encontrar intérpretes capaces de aportar una sensibilidad específica, ya fuera desde una guitarra, un teclado, una voz o una intervención lírica.

“Según pidiera cada tema en función de lo que nos generaba emocional y conceptualmente”, resume.

El resultado es un trabajo en el que los diferentes estilos e invitados acompañan el concepto general sin que ORIÓN abandone el protagonismo de su escritura.

Música, tecnología y soberanía

Uno de los temas más profundos de la conversación apareció cuando abordamos las contradicciones de producir música independiente en una industria dominada por plataformas y grandes empresas tecnológicas.

ORIÓN considera que las transformaciones actuales están provocando una crisis de sentido que afecta tanto a las personas como a las sociedades.

Desde esa perspectiva, relaciona la soberanía política con la autonomía individual y la propiedad de los medios de producción.

Sin embargo, no plantea que la solución sea rechazar las herramientas tecnológicas.

Utiliza para explicarlo la imagen de un martillo: una herramienta que puede servir para construir una casa o para ejercer violencia, dependiendo de quién la utiliza y con qué finalidad.

“Creo que la solución, siempre, sea con la tecnología que sea, es que el trabajador sea dueño de su medio de producción”.

El problema, desde su mirada, no reside necesariamente en las nuevas tecnologías, sino en las relaciones económicas que determinan quién las controla y quién se beneficia de ellas.

“El problema actual es el mismo desde el protocapitalismo: la hiperconcentración en pocas manos”, sostiene.

En ese sentido, plantea que la discusión debería concentrarse en cómo poner las nuevas herramientas al servicio de las mayorías y evitar que se conviertan en mecanismos de precarización.

Y deja una definición que podría funcionar como otra de las claves conceptuales del disco:

“La soberanía es y será siempre el ejercicio de la reivindicación de la propia existencia, como individuos y como pueblo”.

¿Qué viene después del duelo?

Al terminar la conversación le planteamos una pregunta que el propio concepto del álbum parecía reclamar: si ya atravesamos el síntoma, la terapia y el duelo, ¿qué aparece después?

¿Una recuperación? ¿Una cicatriz? ¿Una recaída? ¿Otra persona?

La respuesta de ORIÓN fue que ninguna de esas posibilidades excluye a las demás.

“Soy todas esas versiones juntas”, explica.

Para desarrollar esa idea recurre a Jorge Luis Borges y a El Aleph, aquel punto desde el cual pueden contemplarse simultáneamente todos los lugares del universo.

“El Ictus viene a ser un poco ese Aleph borgiano, ese punto desde el que se ven todos los puntos del planeta, esa red donde todo está interconectado en un ciclo que se retroalimenta”.

Así, el disco termina alejándose de la idea de una recuperación definitiva. No hay una versión final de ORIÓN ni una conclusión cerrada sobre el mundo que describe.

Hay, más bien, una transformación permanente.

“Este ICTUS, consecuencia de un proceso en una coyuntura específica, solo será matriz de metamorfosis de un nuevo mundo y un porvenir que, como mínimo, me resulta tremendamente interesante e intrigante”.

Después de atravesar sus propios cuatro jinetes, ORIÓN XL no parece interesado en recuperar la vida exactamente como era antes.

Quizás el verdadero sentido de ICTUS sea justamente ese: entender que algunas crisis no llegan para devolvernos al punto de partida, sino para obligarnos a imaginar otro camino.

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