«A Tempo» el nuevo disco de Dread Mar I
Escrito por Marcos Alvarez el 16 mayo, 2025
Una búsqueda íntima, minimalista y emocional, donde el reggae da un paso al costado para dejar hablar al alma
Después de años de construir su figura sobre el roots melódico y el reggae-pop, Dread Mar I entrega en A Tempo una obra introspectiva, de sonido contenido y pulso calmo, donde la palabra es protagonista y el ritmo se adapta a su emocionalidad. El título lo anticipa: esto va a su tiempo, con pausa, con aire, con madurez.
Después de 7 años se terminó la espera, ayer 15 de mayo se estrenó el nuevo álbum de Mariano Castro: «A Tempo», con letra y producción del mismo Marian junto a Matías Zapata (en la mayoría de las canciones), Luis A. Salazar y Yasmil Marrufo en Deja, Richi Lopez en Quédate y Daramola en La Luz.

El disco se aleja notablemente del reggae tradicional. Igualmente hay mucho reggae con elementos de soul, pop acústico y balada moderna, con arreglos minimalistas que dejan espacio al silencio y a la voz. No hay skanks clásicos ni grooves roots. En su lugar, hay atmósferas suaves, líneas de bajo melancólicas y mucho piano eléctrico o cuerdas sutiles. La producción, elegante y despojada, refuerza ese tono íntimo y emocional.
Las letras transitan por rupturas emocionales, autoanálisis y pedidos de comprensión, pero también hay destellos de claridad, como en “La Luz” o “Debes Hacerlo Bien”. En “Prefiero Estar Solo”, “Tú Sí, Yo No” y “El Mismo Que Fui Ayer”, se siente a un Dread Mar I enfrentando sus dualidades, sus dudas, su dolor, sin grandes metáforas ni slogans: directo, humano y vulnerable.
Temas destacados:
- “Cobarde” abre con fuerza emocional: una confesión cruda, casi una plegaria.
- “Trata de Entenderme” y “Quédate” se sienten como cartas no enviadas.
- “Km 0” marca simbólicamente el reinicio.
- “Palabras Bellas” es uno de los momentos más líricos y sensibles.
- “La Luz” funciona como cierre esperanzador, espiritual sin ser místico.
A Tempo no es un disco para agitar ni para el verano. Es un álbum de introspección, que exige escucha completa y entrega. Y en esa propuesta, Dread Mar I logra algo valiente: correrse del personaje, dejar el beat en segundo plano y poner su verdad al frente.
