Homenaje Reggae al Indio Solari
Escrito por Marcos Alvarez el 9 junio, 2026
Reggaes Redondos: cuando el universo ricotero encontró una nueva vida en clave reggae
Tras la muerte del Indio Solari, volver a escuchar Reggaes Redondos permite mirar desde otro lugar el diálogo entre la obra de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y la escena reggae argentina. Un disco tributo que, más que versionar canciones, demostró que la liturgia ricotera también podía respirar en tiempo de riddim.
La muerte del Indio Solari dejó a la música argentina en estado de conmoción. Su voz, su obra y el fenómeno popular que construyó junto a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota exceden hace tiempo los límites del rock: son parte de una cultura, de una forma de decir, de una manera de habitar la canción como refugio, contraseña y territorio compartido.
En ese mapa, el reggae argentino también tuvo su propio gesto de homenaje. En 2010 se editó Reggaes Redondos, un disco tributo que llevó el cancionero ricotero hacia la raíz jamaiquina, el skank, el dub, el pulso amable y la cadencia del reggae local. No fue una participación directa del Indio ni un proyecto oficial de Los Redondos, sino una relectura colectiva desde otra escena: artistas y bandas del reggae argentino tomando canciones emblemáticas de Patricio Rey y llevándolas hacia un nuevo clima sonoro.

El resultado fue un cruce más natural de lo que podía parecer en los papeles. Porque si bien Los Redondos pertenecen al corazón del rock argentino, su universo siempre tuvo algo profundamente compatible con el reggae: cultura popular, marginalidad, autogestión, códigos de tribu, desconfianza frente al mercado, poesía encriptada, comunidad y una relación casi ritual con el vivo. En esa zona común, Reggaes Redondos encontró su sentido.
El álbum incluyó 15 versiones y reunió a nombres importantes de la escena reggae y alternativa: Karamelo Santo, Aminowana, Andando Descalzo, Paella Virgen, Pintabien, Butumbaba, Guillermo Bonetto junto a Holy Piby, Seraqueda!, Nil Obstat, Chala Rasta, Pablo Molina & The Reggae Lovers Band, Dread Negast con Mikel de Kapanga, Kai Lalai con Mikel de Kapanga, Barrio Chino y Bahiano. Cada uno, desde su propio lenguaje, tomó una pieza del repertorio ricotero y la cruzó con otra temperatura musical.
Ahí aparecen canciones como “Esa estrella era mi lujo” por Karamelo Santo, “Etiqueta negra” por Aminowana, “Semen Up” por Andando Descalzo, “Gualicho” por Paella Virgen, “Un ángel para tu soledad” por Pintabien, “Un Pacman en el Savoy” por Butumbaba, “Ji Ji Ji” por Guillermo Bonetto y Holy Piby, “Caña seca y un membrillo” por Chala Rasta, “Superlógico” por Pablo Molina & The Reggae Lovers Band y “Aquella solitaria vaca cubana” por Bahiano, entre otras.
Algunas versiones trabajan desde la familiaridad: mantienen la melodía como punto de anclaje y desplazan el pulso hacia el reggae. Otras se permiten una lectura más libre, jugando con el fraseo, el groove, los coros, el bajo y la respiración del riddim. En todos los casos, el disco confirma algo que hoy, con la partida del Indio, se vuelve más evidente: una canción poderosa puede sobrevivir a su género original.
Esa es una de las claves del legado ricotero. Las canciones de Patricio Rey no dependen solo del sonido de una guitarra, de una época o de una formación. Funcionan porque cargan imágenes, climas, personajes, tensión social, oscuridad, ironía y una poética que cada generación vuelve a descifrar a su manera. Reggaes Redondos hizo justamente eso: descifrar desde otro código.
Dentro del disco, hay momentos especialmente significativos para la historia del reggae argentino. La presencia de Guillermo Bonetto, voz de Los Cafres, en “Ji Ji Ji” tiene un peso simbólico enorme: uno de los grandes referentes del reggae nacional entrando en una de las canciones más litúrgicas del rock argentino. También la participación de Pablo Molina, figura clave de Todos Tus Muertos y Lumumba, en “Superlógico”, refuerza ese puente entre contracultura, reggae, rock, punk y canción urbana.
En tiempos de duelo, volver a este álbum también permite pensar la amplitud del fenómeno ricotero. Los Redondos no fueron solamente una banda de rock: fueron una lengua común. Por eso sus canciones pudieron pasar al reggae, a la cumbia, al tango, a las canchas, a las fogatas, a las marchas, a las juntadas, a los bares y a la memoria colectiva. El Indio escribió y cantó desde un lugar tan singular que su obra terminó siendo apropiada por escenas muy distintas.
Años después de Reggaes Redondos, el cruce entre el Indio y el reggae tendría un episodio todavía más directo: “Cinco”, la canción que grabó junto a El Natty Combo, banda liderada por Sergio Colombo. Esa colaboración, publicada en 2023 dentro del álbum La Misión, fue presentada como la primera vez en que la voz del Indio entraba de lleno en una canción reggae. Para la escena, fue un acontecimiento: el artista más mítico del rock argentino cantando sobre una base de raíz jamaiquina.
Pero Reggaes Redondos ya había abierto esa puerta desde el otro lado. Antes de que el Indio cantara reggae, el reggae argentino ya había ido a buscar al Indio. Lo había versionado, lo había traducido a otro pulso, lo había llevado al bajo, al skank y al dub. Y lo había hecho con respeto, pero también con libertad.
Hoy, con el dolor de su partida todavía fresco, escuchar Reggaes Redondos no es solo volver a un disco tributo. Es reconocer que algunas obras son tan grandes que no entran en un solo género. El Indio Solari y Los Redondos pertenecen al rock argentino, sí. Pero también pertenecen a toda la música popular que los tomó como lenguaje propio.
Y en esa historia, el reggae argentino dejó una señal concreta: el universo ricotero también puede sonar en clave jamaiquina. No como copia, no como disfraz, sino como prueba de que las canciones verdaderas resisten cualquier traducción.
Porque cuando una obra es inmensa, no se apaga: cambia de ritmo, cambia de cuerpo, cambia de generación. Y sigue sonando.