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Dreadlocks en el Mundial 2026: identidad, cultura y fútbol en la máxima cita

Escrito por el 18 junio, 2026

Seis jugadores llevan sus locs a la Copa del Mundo y continúan una historia que une deporte, identidad afrodescendiente, resistencia cultural y reggae

En una Copa del Mundo atravesada por diferentes culturas, idiomas y formas de vivir el fútbol, la identidad también se expresa por medio de la imagen. Las camisetas, los festejos, los tatuajes y los peinados forman parte de la personalidad que cada jugador lleva al campo.

En el Mundial 2026, seis futbolistas se destacan no solamente por su juego, sino también por llevar dreadlocks o locs: Nathan Aké, Jules Koundé, Jérémy Doku, Eberechi Eze, Antoine Semenyo y Aaron Wan-Bissaka.

Defensores, mediocampistas y delanteros de distintas selecciones que integran una tradición visual con una fuerte presencia en la historia del fútbol, la cultura africana, la diáspora negra y el movimiento Rastafari.

Aunque popularmente se utiliza la palabra “dreadlocks”, muchas personas prefieren hablar simplemente de “locs”, eliminando la palabra “dread” por las connotaciones negativas que puede tener en inglés. En esta nota utilizamos ambos términos por ser reconocibles para nuestro público, pero entendiendo que detrás del cabello existe una historia mucho más profunda que una decisión estética.

Nathan Aké: equilibrio y jerarquía en Países Bajos

Nathan Aké representa a Países Bajos y juega en el Manchester City. Puede desempeñarse como defensor central o lateral izquierdo, posiciones desde las que se destaca por su lectura del juego, su velocidad para corregir y su serenidad con la pelota.

Sus largas locs se convirtieron en una parte inseparable de su imagen. En una selección históricamente vinculada con futbolistas de origen surinamés, antillano y africano, Aké representa una nueva generación de jugadores neerlandeses atravesados por identidades diversas.

Su presencia también remite inevitablemente a uno de los grandes referentes estéticos y deportivos del fútbol de Países Bajos: Ruud Gullit.

Jules Koundé: personalidad dentro y fuera de la cancha

Jules Koundé integra la selección francesa y juega en el FC Barcelona. Aunque surgió como marcador central, su capacidad técnica y física le permitió consolidarse también como lateral derecho.

Koundé es uno de los jugadores más reconocibles del fútbol actual por su estilo personal. Sus peinados, su relación con la moda y su manera de vestirse forman parte de una identidad que rompe con la imagen tradicionalmente uniforme del futbolista profesional.

Sus locs no funcionan como un simple complemento. Son parte de una presencia que combina rendimiento, creatividad y libertad individual. En una selección francesa compuesta por futbolistas con diferentes raíces africanas y caribeñas, esa expresión también refleja la diversidad social y cultural del país.

Jérémy Doku: velocidad, desequilibrio y raíces africanas

Jérémy Doku representa a Bélgica y también juega en el Manchester City. Nacido en Bélgica dentro de una familia de origen ghanés, es uno de los extremos más desequilibrantes de su generación.

Su fútbol se basa en la aceleración, el cambio de dirección y el uno contra uno. Cada vez que recibe la pelota, obliga al defensor a retroceder y genera la sensación de que algo puede suceder.

Sus locs acompañan esa imagen dinámica. Doku representa a una generación europea que reivindica sus raíces familiares sin necesidad de elegir entre una identidad nacional y otra. Puede vestir la camiseta de Bélgica y, al mismo tiempo, conservar una conexión visible con la cultura africana de su familia.

Eberechi Eze: creatividad y libertad en Inglaterra

Eberechi Eze juega en el Arsenal y representa a Inglaterra. Es un mediapunta con capacidad para conducir, asociarse, superar rivales y aparecer en posiciones de gol.

Nacido en Londres dentro de una familia de origen nigeriano, Eze recorrió un camino complejo antes de llegar a la elite. Fue descartado por varias academias durante su formación, pero continuó jugando hasta construir una carrera en el máximo nivel.

Su fútbol transmite libertad y sus locs refuerzan esa identidad. Eze juega con pausa, imaginación y una elegancia que lo diferencia. En una selección inglesa cada vez más diversa, representa una ciudad y un fútbol construidos por múltiples comunidades migrantes.

Antoine Semenyo: potencia africana para Ghana

Antoine Semenyo representa a Ghana y juega en el Manchester City. Es un delantero potente, veloz y versátil, capaz de actuar por las bandas o como atacante central.

Nacido en Inglaterra, eligió representar internacionalmente al país de su familia. Su decisión expresa una conexión con Ghana que va más allá del fútbol y que comparte con muchos jugadores nacidos o formados en Europa.

Las locs de Semenyo adquieren una resonancia particular por la relación histórica entre Ghana, el panafricanismo y el movimiento Rastafari. Ghana fue uno de los primeros países del África subsahariana en independizarse del colonialismo europeo y se convirtió en una referencia para los movimientos de liberación negra del siglo XX.

Semenyo lleva esa identidad a una selección conocida como las Estrellas Negras, cuyo propio nombre remite al proyecto panafricano de Marcus Garvey.

Aaron Wan-Bissaka: del sur de Londres a la selección congoleña

Aaron Wan-Bissaka juega en el West Ham United y representa a la República Democrática del Congo. Nació en Inglaterra dentro de una familia congoleña y, después de haber integrado seleccionados juveniles ingleses, eligió defender al país de sus padres.

Es uno de los mejores defensores individuales de su generación. Su capacidad para recuperar terreno y ganar duelos lo convirtió en un lateral difícil de superar.

La participación de República Democrática del Congo en el Mundial 2026 tiene además un valor histórico. Wan-Bissaka forma parte de una generación que reconstruyó el vínculo entre la selección congoleña y su numerosa diáspora europea.

Sus locs acompañan una identidad en la que conviven Londres, África central y el fútbol internacional.

¿Qué significan los dreadlocks?

Los dreadlocks no tienen un único significado ni pertenecen exclusivamente a una cultura. Diferentes formas de cabello entrelazado o naturalmente unido aparecieron en distintas sociedades y períodos históricos.

Sin embargo, el significado contemporáneo de las locs quedó especialmente asociado con el movimiento Rastafari, surgido en Jamaica durante la década de 1930.

Dentro de Rastafari, las locs pueden representar espiritualidad, naturalidad, identidad africana, rechazo a los valores de “Babylon” y resistencia frente a las estructuras coloniales. También se vinculan simbólicamente con la melena del León de Judá, uno de los títulos asociados con Haile Selassie I de Etiopía.

Dejar crecer el cabello sin someterlo a los modelos estéticos occidentales puede entenderse como una manera de aceptar el cuerpo natural y recuperar una identidad históricamente discriminada.

Con la expansión internacional del reggae durante las décadas de 1960 y 1970, especialmente a partir de artistas como Bob Marley, Peter Tosh y Burning Spear, los dreadlocks se convirtieron en una imagen global de rebeldía, liberación, espiritualidad y orgullo negro.

Pero no toda persona que lleva locs es Rastafari. Para algunos representan una convicción religiosa; para otros, herencia africana, identidad cultural, orgullo racial, pertenencia familiar o simplemente una elección personal. El significado depende siempre de quien las lleva.

Los jugadores clásicos que hicieron historia con sus locs

Antes de los protagonistas del Mundial 2026, varios futbolistas con dreadlocks dejaron imágenes inolvidables.

Ruud Gullit

El neerlandés Ruud Gullit fue probablemente el primer gran ícono mundial del fútbol asociado con las locs. Capitán de Países Bajos, ganador del Balón de Oro y figura del histórico Milan de finales de los años ochenta, combinaba potencia, técnica y una imagen imposible de confundir.

Sus dreadlocks acompañaron una etapa en la que muchos jugadores negros comenzaron a ocupar un lugar central en el fútbol europeo sin ocultar su identidad.

Henrik Larsson

El sueco Henrik Larsson disputó tres Copas del Mundo y se convirtió en una figura histórica del Celtic de Escocia. Durante buena parte de los años noventa llevó dreadlocks y fue una de las imágenes más reconocibles del Mundial de Estados Unidos 1994.

Larsson, hijo de padre caboverdiano y madre sueca, habló en diferentes momentos sobre su identidad y sobre las experiencias de racismo que atravesó durante su vida.

Cobi Jones

Cobi Jones fue una de las grandes figuras de Estados Unidos durante los años noventa y disputó los Mundiales de 1994, 1998 y 2002.

Sus dreadlocks, en ocasiones teñidas, se transformaron en una marca personal y ayudaron a convertirlo en uno de los primeros futbolistas verdaderamente populares del soccer estadounidense.

Jason Lee

El delantero inglés Jason Lee también se hizo reconocible durante los años noventa por llevar sus locs recogidas sobre la cabeza. Sin embargo, su imagen fue utilizada durante años por un programa televisivo británico para realizar burlas que posteriormente fueron reconocidas como racistas.

Su historia recuerda que los peinados afrodescendientes no siempre fueron aceptados con naturalidad por los medios y el público. Aquello que hoy puede celebrarse como estilo e identidad durante décadas fue objeto de estigmatización.

Mucho más que un peinado

Las locs forman parte de la historia visual del fútbol, pero reducirlas a una moda significa ignorar su dimensión cultural.

En algunos casos expresan espiritualidad. En otros, raíces familiares, orgullo afrodescendiente, libertad estética o resistencia frente a normas que durante mucho tiempo definieron al cabello negro como desordenado, poco profesional o inapropiado.

El fútbol, como una de las mayores plataformas culturales del planeta, permite que estas identidades sean vistas por millones de personas.

Nathan Aké, Jules Koundé, Jérémy Doku, Eberechi Eze, Antoine Semenyo y Aaron Wan-Bissaka no llevan necesariamente las locs por los mismos motivos. Tampoco corresponde atribuirles automáticamente una identidad Rastafari.

Pero su presencia en el Mundial 2026 continúa una historia en la que el deporte, África, la diáspora, la estética y la resistencia cultural se cruzan dentro de una cancha.

Porque el cabello también comunica. Y en la Copa del Mundo, cada identidad lleva consigo su propia historia.

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