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Rototom 2025: 30 años del paraíso para los amantes del reggae

Escrito por el 6 septiembre, 2025

por Feda Soto Roland (@negrilmusicstudio), corresponsal para @pelagatosreggae

Un festival que es mucho más que música

Sí, el Rototom Sunsplash es el paraíso para quien ama el reggae. Solo basta con pasar un par de días en Benicàssim, caminar entre escenarios, foros culturales, puestos de comida del mundo y playas llenas de reggae para entenderlo. Es un espacio donde la música no es solo entretenimiento, sino un puente cultural. Un lugar que durante ocho días conecta a fanáticos de todo el planeta con artistas legendarios y nuevas generaciones que llevan adelante la antorcha del reggae.

En 2025, el Rototom celebró sus 30 años de historia con un recorrido que pasó de ser una pequeña reunión en un pueblo italiano a convertirse en el festival de reggae más grande del mundo. Suena a cliché, pero es real: ningún otro festival combina música, cultura, activismo, playa, montaña y energía comunitaria de esta manera.

Los años italianos: del sueño de unos locos, a la cuna europea del reggae

El festival nació en 1994, en la localidad de Gaio di Spilimbergo, Friuli, Italia. La idea surgió de Filippo Giunta y un grupo de entusiastas que veían al reggae italiano como una escena dispersa y desconectada. Internet aún no existía como herramienta de unión, y lo que ellos soñaban era justamente eso: un punto de encuentro.

La primera edición reunió a unas mil personas en una discoteca y tuvo como protagonistas a Africa Unite, Almamegretta y al mismísimo Buju Banton, que llegó desde Jamaica. Pocas veces un debut fue tan visionario: lo que parecía un encuentro pequeño de nicho terminó sentando las bases de un fenómeno continental.

En 1998, el festival dio un salto al mudarse a Latisana (Camping Girasole, Lignano). Allí apareció por primera vez la idea de “festival con camping”, al estilo de los grandes encuentros europeos. Pasó a cuatro jornadas y el público respondió con fuerza: 20.000 asistentes que ya intuían que estaban viviendo algo especial.

El crecimiento no se detuvo y en el 2000 el Rototom se instaló en Osoppo, un parque natural al pie de los Alpes. El lugar le dio al festival un marco idílico: 250.000 m² de verde, aire puro y una escala inédita. Allí se consolidó como cita obligada, alcanzando los 150.000 espectadores en algunas ediciones.

Tiken Jah Fakoly en la «Reggae University»

Osoppo fue mucho más que un cambio geográfico. Fue la transformación del Rototom en un festival integral: nacieron escenarios temáticos (Dub Room, Ska Club, Showcase), se multiplicaron las actividades diurnas, se sumaron voluntarios de toda Europa y hasta se creó la “Reggae University”, donde artistas e intelectuales compartían -y lo hacen hasta el día de hoy!- charlas con el público. También aparecieron áreas como el “Foro Social”, con la presencia de activistas, Premios Nobel de la Paz como Rigoberta Menchú y debates que ponían al reggae en diálogo con la política mundial.

Celebrando la vida, defendiendo Palestina

Todo esto se financiaba sin sponsors comerciales; solo con entradas. En un mundo festivalero dominado por marcas de cerveza y grandes cadenas, el Rototom se mantuvo independiente, saldando sus deudas históricas en 2003 y demostrando que era posible crecer desde la autogestión.

Musicalmente, por sus escenarios pasaron Burning Spear, Steel Pulse, Black Uhuru, Inner Circle, U-Roy, Israel Vibration, Ziggy Marley, Jimmy Cliff, Sizzla, Buju Banton y una interminable lista de leyendas. Todos pasaron por el Rototom al menos una vez. Uno de los momentos más recordados fue el show de Burning Spear en 2003, que Giunta aún menciona como un instante mágico en la historia del festival.

Choque cultural: la persecución en Italia

Pero mientras el Rototom crecía en Osoppo, el clima político en Italia cambiaba. El festival, con su mensaje de “Peace, Love & Unity”, su apertura cultural y la tolerancia hacia el cannabis, chocaba de frente con el discurso conservador del gobierno de Silvio Berlusconi y la Liga Norte.

En 2006, la aprobación de la “Ley Fini-Giovanardi”, que equiparaba cannabis con drogas duras, fue el punto de quiebre. Las autoridades usaron esa normativa para acusar a Giunta y a la organización de “facilitar el consumo de estupefacientes”. Las redadas policiales se volvieron moneda corriente y el ambiente de persecución llegó a un punto insostenible en 2009.

Ese año, mientras los asistentes bailaban al ritmo de los mejores riddims, la policía irrumpía en controles desmedidos. El festival pasó a ser tratado como un problema social. (Nota de color: paradójicamente, el comandante que lideraba esos operativos terminó condenado años después por narcotráfico y corrupción… como muchas veces pasa!)

El 2 de noviembre de 2009, Giunta anunció que el Rototom abandonaba Italia. Era el final de una etapa gloriosa y también el inicio de un exilio que cambiaría para siempre la historia del festival.

El proceso judicial contra Giunta duró casi seis años. Recién en 2015 fue absuelto, cuando la justicia italiana reconoció al Rototom como una manifestación cultural y no un delito. Para entonces, el festival ya había encontrado su nueva casa en España.

Benicàssim: la pequeña Jamaica del Mediterráneo

En 2010, el Rototom resucitó en Benicàssim, un pequeño pueblo costero a 70 km de Valencia. La combinación de mar esmeralda, montañas y clima cálido lo convirtieron en el lugar perfecto.

Quien visita Benicàssim en agosto entiende rápido por qué. Las playas amplias y tranquilas son un refugio frente al caos turístico de Barcelona, Valencia o Alicante. Se puede recorrer en bicicleta el boulevard costero, disfrutar de chiringuitos con comida típica y, sobre todo, vivir esa mezcla extraña de Jamaica caribeña con orden europeo.

El Rototom también se adueñó de un rincón especial: la “Solé Beach”, su playa propia. Desde temprano hay reggae, cócteles, shows soundystem y una comunidad que baila con los pies en la arena. Allí se siente la esencia del festival: compartir música y reggae durante todo el día.

Rototom 2025: 30 años de paz, amor y buena música

La edición 2025 fue la confirmación de que el festival sigue siendo la cita reggae más grande del mundo. Ocho días, miles de asistentes y un cartel que mezcló leyendas históricas  con las nuevas voces de Jamaica y el mundo.

En los dos escenarios principales —Main Stage y Lion Stage— pasaron artistas como Burning Spear, Aswad, The Cimarons, Ken Boothe, Big Youth, Sister Nancy, Misty in Roots, Third World, Culture (con Kenyatta Hill), Morgan Heritage, Mortimer, Yaadcore, Tiken Jah Fakoli, L’Entourloop, y muchos más.

La Dub Academy volvió a ser un hervidero: jóvenes bailando pegados a torres de parlantes hasta las 6 de la mañana, dejándose hipnotizar por graves infinitos. Y en el Dancehall Spot, el perreo consciente no dio tregua hasta el amanecer.

Lo mejor de los shows que quedarán en mi memoria:

Aswad: fue una sorpresa. Con Tony “Gad” Robinson y Soloman Gaye al frente, entregaron un show sólido y emocionante. En lo personal no esperaba demasiado (pensé que sería algo muy lejano a lo que ofrecía la banda con Dummie), pero este nuevo Aswad demostró que aún tiene mucho que decir.

Burning Spear: otro momento histórico. Con nueva banda, el maestro Winston Rodney volvió a emocionar. Su intervención en la Reggae University, cerrando con un canto a capella, dejó a todos con la piel erizada.

The Cimarons: pioneros del reggae inglés, regresaron tras 40 años. Con Michael Arkk en la voz y el apoyo de Roberto Sánchez, mostraron que su historia sigue viva. Una banda para ver en vivo, sin dudas!

Ken Boothe: probablemente uno de sus últimos shows. En silla de ruedas y casi ciego, cantó con una fuerza que emocionó a todos. Hubo lágrimas en el público, y también en el escenario.

Mafia & Fluxy: la dupla británica volvió a mostrar por qué son considerados los “Sly & Robbie europeos”. Sólidos, contundentes, irresistibles. De lo mejor, siempre!

Yaadcore: fresco y actual, mezcló reggae roots con toques de hip hop y dancehall, conectando con el público joven.

Third World: con AJ Brown al frente, mantuvieron la tradición de un reggae humano, sin pistas, lleno de matices. Cat Coore, emocionado, y último bastión de la formación original, sigue siendo una leyenda viva de esta música.

Otros shows que se disfrutaron mucho:

Morgan Heritage: con Jereme Morgan tomando las riendas luego de la partida a Zion de Petah. Dieron un show sólido, pero en varios temas la voz no alcanzó el nivel de antaño. Sin embargo, hay Morgan Heritage para rato, y eso está muy bueno.

Culture (Kenyatta Hill): gran energía de Kenyatta, pero los coros —a cargo de dos jóvenes—  no lograron recrear la fuerza del Culture original. El show fue intenso, y el hijo de Joseph mezcla algo de la voz de su padre, con la energía en vivo de Buju Banton… impresionante su entrega.

Tarrus Riley: impecable en lo vocal, con la Black Soil Band y Dean Fraser, pero sin lograr la chispa que incendia al público. Un hermoso show para escuchar y ver en acción a una de las mejores voces de Jamaica.

Shaggy: fiesta asegurada, sí. Hits, humor, baile. Pero a mi gusto demasiadas bases pregrabadas y poca (nula) banda real. Para bailar y cantar, perfecto; pero soy de los que piensan que un artista como Shaggy podría tocar con un gran bandón y llevar su show a otro nivel.

L’Entourloop: muy celebrados por el público joven, con beats modernos y estilo híbrido. Para muchos fue una fiesta; para otros, un exceso de bases electrónicas que poco tiene que ver con el reggae de raíz.

La renovación generacional que el reggae necesita

El Rototom muestra un poco de la tensión generacional que se vive en la escena reggae: mientras los más jóvenes llenan la Dub Academy o gozan con propuestas que van más hacia lo electrónico y bailable, sin músicos en vivo y DJs con grandes bandejas en el escenario, quienes crecimos con el roots y las bandas en vivo seguimos valorando la fuerza de músicos tocando instrumentos, sin pistas ni stems.

No es un juicio absoluto, sino una realidad del festival: hoy conviven las dos almas del reggae, la más tradicional y la más experimental. Y el Rototom funciona justamente porque logra mantener ambas unidas y en sincro. Si esto sirve para que el reggae crezca en los más jóvenes, bienvenido sea!

Asimismo, el Rototom siempre suma shows que Filippo Giunta llama “Extra-Reggae”. Esto genera controversia entre los más fanáticos del estilo, pero a su vez, permite que el festival atraiga a más gente (especialmente más jóvenes), y eso es bueno para el género.

Más allá del lineup: un estilo de vida

Lo que hace único al Rototom no es solo su cartel. Es su “experiencia total”: playas, montaña, camping, foros culturales, talleres de meditación y danza, mercadillos de artesanía y gastronomía, cine, debates y hasta espacios infantiles. Es un ecosistema completo donde todo respira reggae.

El festival se sostiene en un compromiso social y ambiental que marca su ADN: reciclaje, energías renovables, apoyo a ONG, promoción de la paz y el respeto a la diversidad. Su “DNI ético” se nota en cada rincón.

Y sobre todo, se nota en la gente. Miles de personas de todos los continentes conviven durante una semana en un espacio donde la música es excusa para practicar tolerancia, unidad y alegría compartida.

Conclusión: 30 años que son el inicio de lo que se viene!

El Rototom Sunsplash cumplió 30 años demostrando que es mucho más que un festival. Es memoria histórica (desde sus luchas en Italia hasta su renacer en España), es música en estado puro (de las leyendas del roots a los nuevos soundsystems), es cultura y es comunidad.

Quienes lo visitan lo saben: volver al Rototom es volver a un lugar donde el reggae se vive como cultura y vivencias. Donde cada canción, cada baile en la arena y cada charla en un foro social confirman que “Peace, Love & Unity” no es un eslogan, sino una forma vivir en el mundo.

Como diría Terminator: *I’ll be back*.


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